Por qué algunas ciudades crean más startups que otras
Por qué algunas ciudades crean más startups que otras

Por qué algunas ciudades crean más startups que otras. Claves del ecosistema emprendedor

¿Por qué Silicon Valley es un hervidero de startups y otras ciudades no? Esto no es casualidad, el secreto está en tener los ingredientes adecuados. Las bases de los ecosistemas emprendedores se han estudiado en profundidad en los últimos años y en este artículo se muestran las conclusiones de una forma clara y sin tecnicismos. Veamos por qué algunas ciudades crean más startups que otras, veamos de qué depende. Entender estos factores no solo es fascinante, sino que es clave para quien quiera impulsar la innovación en su comunidad.

El éxito de un ecosistema emprendedor no es cuestión de suerte, sino que depende de factores que están muy estudiados. Básicamente, su dinamismo se apoya en seis pilares: políticas públicas efectivas, financiación en todas las etapas, talento preparado, cultura que impulsa, infraestructuras que conectan y mercados accesibles. Entenderlos es como ver un mapa práctico que te muestra dónde actuar para crear o mejorar cualquier ecosistema emprendedor.

La literatura académica y los grandes informes internacionales coinciden en identificar qué funciona, qué no y por qué. Aquí hablaremos de los beneficios y riesgos de la inversión pública, de cómo atraer y retener talento internacional, del papel de los intermediarios o de cómo las historias locales de éxito cambian mentalidades. Se trata de un documento práctico que permite identificar errores comunes y activar palancas que sí mueven la aguja.

Si eres responsable público, inversor, líder empresarial o emprendedor, saldrás con ideas aplicables. Comprenderás cómo interactúan los diversos actores y tendrás los criterios que te permiten evaluar tu ciudad, reconocer las señales de progreso e identificar las acciones inmediatas necesarias para fortalecer el ecosistema. La meta es clara: convertir la casualidad en estrategia. Te invito a seguir leyendo.

De la empresa aislada al ecosistema emprendedor

En lo que va de siglo, la narrativa del emprendimiento ha evolucionado radicalmente. Si antes se hablaba de emprendedores heroicos que creaban empresas individualmente, hoy el foco está en los ecosistemas de emprendedores. Estos ecosistemas son complejas redes de actores, recursos e instituciones conectadas que hacen posible el nacimiento y desarrollo sistemático de startups innovadoras. Esta perspectiva que ve el emprendimiento como un ecosistema reconoce que es muy complejo que una empresa triunfe en el vacío. En gran medida, su éxito depende del entorno en el que opera, de las oportunidades y facilidades que encuentra en él.

El concepto de ecosistema emprendedor es diferente al de otros enfoques más tradicionales, como el de cluster industrial (Porter, 1990) o el de los sistemas regionales de innovación (Cooke, 2001). Mientras que un cluster describe la concentración espacial de empresas similares y proveedores, un ecosistema emprendedor abarca también la dimensión cultural, financiera e institucional, y se centra específicamente en la generación recurrente de nuevas compañías de alto crecimiento. Por tanto, no se trata solo de competir, sino de crear.


Importancia del ecosistema emprendedor
Importancia del ecosistema emprendedor

Los números hablan por sí solos. Según el State of the Global Startup Economy de Startup Genome, los 100 principales ecosistemas tecnológicos del mundo generaron en 2024 más de 1,2 billones (1012) de dólares en valor agregado, crearon 4,5 millones de empleos directos de alta cualificación y atrajeron 350.000 millones en inversión de capital riesgo. Estos hubs no solo concentran riqueza, sino que actúan como motores de innovación sistémica, acelerando la adopción de tecnologías disruptivas en salud, energía, finanzas o movilidad.

La OCDE estima que el emprendimiento innovador contribuye hasta en un 2-3% adicional al crecimiento del PIB en economías avanzadas. Esto se debe, fundamentalmente, gracias a su capacidad para mejorar la productividad y diversificar las bases económicas tradicionales. En regiones emergentes, el impacto es aún mayor. Por ejemplo, las startups latinoamericanas han multiplicado por diez su valoración en una década, transformando economías que históricamente han dependido de exportar productos básicos.

Qué es un ecosistema emprendedor

Un ecosistema emprendedor puede entenderse como el conjunto de actores, recursos y normas que, en un territorio determinado, facilitan o dificultan la creación y el crecimiento de nuevas empresas innovadoras. Por tanto, no se trata solo del binomio startups más inversores, sino de una red compleja donde confluyen gobiernos, universidades, grandes empresas, medios de comunicación, infraestructuras físicas y digitales, cultura local y mercados accesibles. La literatura académica subraya que la clave está menos en los elementos individuales y más en la calidad de las relaciones y los flujos entre ellos: información, talento, capital, confianza, colaboración.

El concepto de ecosistema emprendedor enfatiza la naturaleza dinámica, abierta y evolutiva del entorno donde nacen y crecen las startups. En este entorno debe existir también una dimensión institucional, cultural y financiera, lo que hace posible que el sistema pueda generar nuevas empresas de forma recurrente. Aunque en ocasiones se han creado lo que se conoce como un sistema regional de innovación, este concepto no es el mismo. Mientras que éste suele centrarse más en la relación entre ciencia y tecnología, en el ecosistema emprendedor se pone el foco en la figura del emprendedor y en la lógica de creación de empresas de alto crecimiento.

En la práctica, hablar de ecosistema emprendedor es hablar de la facilidad para que un emprendedor pueda recorrer el ciclo completo de la empresa: detectar una oportunidad, conseguir apoyo, validar su producto, acceder a financiación, escalar y, eventualmente, reinvertir en nuevas generaciones de proyectos. Cuando ese ciclo se repite y se refuerza, el territorio deja de depender de iniciativas aisladas y empieza a mostrar un comportamiento autoalimentado, capaz de producir startups de manera sistemática.

En las últimas dos décadas se han publicado numerosos estudios que analizan cómo funcionan los ecosistemas emprendedores y qué factores explican su capacidad para generar nuevas empresas de alto impacto. En este artículo se describe qué necesita realmente un ecosistema emprendedor para prosperar tomando como referencia los trabajos de Daniel Isenberg, uno de los pensadores más influyentes en este campo y creador del marco de los seis dominios del ecosistema emprendedor.

Por otro lado, para comparar el desempeño y los éxitos emprendedores de distintos territorios, se utilizan tres fuentes internacionales ampliamente reconocidas: los informes GEM (Global Entrepreneurship Monitor), los análisis de Startup Genome y las aportaciones de la OCDE junto con la literatura académica especializada. Estas fuentes permiten observar patrones comunes, contrastar resultados y situar cada ecosistema en un contexto global basado en datos y evidencia.

El marco de Daniel Isenberg

Daniel Isenberg es uno de los pensadores más influyentes en el campo de los ecosistemas emprendedores y un referente académico para gobiernos, ciudades y organizaciones que buscan impulsar la creación de startups.

Isenberg, que además de académico es emprendedor e inversor, ha descrito un modelo que permite entender y construir ecosistemas emprendedores en todo el mundo. Su modelo de los seis dominios del ecosistema emprendedor es quizás el más citado y utilizado por gobiernos e instituciones. Este trabajo, publicado dentro del Babson Entrepreneurship Ecosystem Project, se titula: “The Entrepreneurship Ecosystem Strategy as a New Paradigm for Economic Policy: Principles for Cultivating Entrepreneurship.”

Su modelo identifica seis grandes pilares interrelacionados a los que él denomina dominios:

  • Políticas públicas.
  • Capital y financiación.
  • Talento humano.
  • Cultura emprendedora.
  • Infraestructuras y organizaciones de apoyo.
  • Mercados accesibles.

La contribución central de Isenberg es insistir en que un ecosistema no se construye sumando piezas sueltas (por ejemplo, poniendo una incubadora de empresas o un programa público de ayudas), sino fortaleciendo el conjunto de los pilares y las conexiones entre ellos. Por ejemplo, disponer de mucho capital riesgo sirve de poco si no existe talento suficiente; del mismo modo, una cultura muy favorable al emprendimiento se frustra si las barreras regulatorias hacen casi imposible crear o cerrar una empresa. La visión de Isenberg es, por tanto, del conjunto del ecosistema, no de las partes aisladas.

Los seis dominios del ecosistema emprendedor de Daniel Isenberg
Los seis dominios del ecosistema emprendedor de Daniel Isenberg

Una visión sistémica del ecosistema emprendedor significa que su fuerza no depende de actores aislados, sino de las interacciones y la interdependencia entre todos ellos. Cada actor afecta directamente al resto: si uno se fortalece, impulsa a los demás; si uno se debilita, arrastra al conjunto. Esa interdependencia genera efectos de red (cada actor aporta valor a los demás) y lo que se conoce como externalidades positivas. Las externalidades positivas son los beneficios extras que se obtienen sin pagar directamente por ellos. Por ejemplo, cuando una startup forma talento que luego se va a otra empresa o cuando una incubadora organiza eventos abiertos para que toda la comunidad haga contactos y se intercambie conocimiento.

Este enfoque subraya además la importancia de la trayectoria histórica y cultural de cada entorno. Quiere decir que no se puede diseñar un ecosistema desde cero, ni se puede importar el modelo de éxito de otro lugar. Los ecosistemas evolucionan a partir de las características económicas, sociales y culturales de cada territorio. Por tanto, no se pueden copiar mecánicamente modelos como Silicon Valley. Lo que Isenberg recomienda es identificar y potenciar los activos propios de cada región, construyendo un ecosistema coherente con su realidad.

Se desarrolla a continuación lo que significan de forma práctica cada uno de estos pilares de Isenberg y el papel que juegan en el ecosistema emprendedor.

Pilar 1: Políticas públicas

La calidad del marco institucional es uno de los factores más determinantes para que un ecosistema emprendedor prospere de forma sostenida. Un entorno con reglas claras, trámites razonables y seguridad jurídica reduce la incertidumbre y el coste de emprender, mientras que sistemas burocráticos, cambiantes o poco previsibles elevan el riesgo percibido y desincentivan tanto la creación de startups como la inversión a largo plazo. Por tanto, no se trata solo de tener ayudas al emprendimiento, sino de construir un contexto donde crear, hacer crecer y, si es necesario, cerrar una empresa sea un proceso asumible para una persona o un equipo innovador.

Las recomendaciones que hace Isenberg en relación con las políticas públicas son las siguientes:

  • Facilitar el emprendimiento. Uno de los primeros elementos que analizan los estudios internacionales es la facilidad para abrir y gestionar una empresa. Esto es: número de trámites, tiempo necesario, costes legales y fiscales asociados. Los informes comparativos muestran que los países y regiones donde estos procesos son más sencillos tienden a presentar mayores niveles de actividad emprendedora formal y una menor economía sumergida. Además, la protección efectiva de la propiedad intelectual y de los derechos de los inversores se considera un pilar básico para atraer proyectos de base tecnológica, así como atraer el capital de riesgo necesario.

    Por otro lado, el enfoque de otros informes sobre ecosistemas emprendedores (como el GEM) pone de relieve que, además de reducir las trabas administrativas, las políticas públicas deben facilitar también el acceso a servicios críticos para las startups, como son: asesoramiento legal y fiscal, información sobre mercados, programas de acompañamiento y mecanismos de resolución de conflictos. Cuando estos elementos faltan, los emprendedores se enfrentan a una penalización estructural que dificulta competir con empresas de otros entornos más favorables, incluso si su producto o tecnología son competitivos.
  • Políticas pro ecosistema frente a políticas individuales. Daniel Isenberg insiste en que el papel de los gobiernos no debería centrarse en intentar elegir sectores, tecnologías o empresas ganadoras, sino en fortalecer el ecosistema en su conjunto. Generalmente, las políticas en las que la Administración selecciona empresas a las que ayudar (picking winners) corren el riesgo de concentrar recursos en unos pocos proyectos visibles, a menudo seleccionados por criterios políticos o de moda. En estos casos, se suele descuidar el tejido amplio de emprendedores y organizaciones que, a la postre, son las que hacen funcionar el sistema día a día.

    En contraposición, las estrategias pro ecosistema se orientan a crear condiciones favorables transversales: marcos fiscales que incentiven la inversión en startups (por ejemplo, deducciones por inversión en empresas jóvenes innovadoras), normas laborales que faciliten atraer y retener talento, mecanismos para que los empleados participen en el capital (stock options) y programas de apoyo orientados a fortalecer redes de contacto, competencias y capacidades colectivas. Esta aproximación se alinea con las recomendaciones de organizaciones internacionales que subrayan que las políticas más efectivas son las que reducen las fricciones del sistema (información, coordinación, acceso a recursos) en lugar de apostar por proyectos aislados.
  • Estabilidad institucional y seguridad jurídica. Otro de los pilares fundamentales en los que se apoya un buen ecosistema emprendedor es en la estabilidad institucional. Cambios regulatorios bruscos, incertidumbre sobre la aplicación de las normas o conflictos frecuentes entre los distintos niveles de la Administración generan un clima de desconfianza que impacta directamente, tanto en la disposición a emprender, como en la de invertir. La evidencia comparada sugiere que los ecosistemas más robustos se desarrollan en contextos donde las reglas del juego, aunque puedan ser exigentes, son previsibles y se aplican de forma razonablemente consistente a lo largo del tiempo.

    En este sentido, los informes sobre emprendimiento destacan que la percepción de seguridad jurídica es casi tan importante como los indicadores puramente económicos. Un entorno donde los fundadores, inversores y socios confían en que los contratos se respetan, los procesos judiciales tienen plazos razonables y las normas no se reinterpretan arbitrariamente, facilita la toma de decisiones de largo plazo. Esta confianza institucional actúa como una infraestructura invisible sin la cual los demás pilares del ecosistema (capital, talento, cultura) tienen muchas más dificultades para traducirse en una creación de startups de alto impacto.
Ecosistema emprendedor. Políticas públicas
Ecosistema emprendedor. Políticas públicas

Pilar 2: Capital y financiación en todas las etapas

Las startups necesitan distintos tipos de capital a lo largo de su historia. Cuando empiezan necesitan dinero para validar la idea y posteriormente necesitan capital para perfeccionar el producto y para escalar y consolidar su modelo de negocio. En un buen ecosistema emprendedor suelen coexistir varios tipos de capital, cada uno con su función:

  • Ahorros personales, amigos y familia: suelen sostener las etapas iniciales de desarrollo de la idea y la realización de las primeras pruebas de concepto.
  • Business angels (capital semilla): no solo aportan pequeñas cantidades de capital semilla, sino que también aportan experiencia, contactos y mentoría. El capital semilla es el dinero que recibe un proyecto en sus primeras fases, cuando todavía es más una idea que una empresa consolidada. Es el capital inicial que permite arrancar.
  • Venture capital (capital riesgo): entran cuando el modelo de negocio muestra, con datos reales, que está funcionando en el mercado (tiene tracción) y necesidad de escalar. Estos fondos asumen un riesgo alto en la confianza de tener un potencial de crecimiento acelerado.
  • Corporate venture capital (capital riesgo de empresas): grandes empresas que invierten en startups estratégicas para complementar su innovación interna.
  • Financiación pública y semipública: instrumentos de coinversión, préstamos blandos, capital riesgo público o fondos de transferencia tecnológica que corrigen fallos de mercado, especialmente en etapas muy tempranas o en tecnologías avanzadas.

Es importante darse cuenta de que, aunque el acceso a una financiación adecuada es uno de los factores más visibles de un buen ecosistema emprendedor, no basta con que exista dinero, sino que es igualmente importante su origen, su sofisticación y, sobre todo, su alineación con las distintas fases de desarrollo de las startups.

Un ecosistema con capital abundante pero mal distribuido (por ejemplo, mucha financiación pública poco especializada y poco venture capital privado profesional) puede generar incentivos distorsionados, proyectos poco sostenibles o burbujas temporales. En cambio, cuando hay una estructura de financiación coherente, los emprendedores encuentran socios adecuados en cada momento de su crecimiento.

Es más, la clave no es solo que existan todos estos instrumentos financieros, sino que también es importante que estén mínimamente coordinados y sean accesibles. Cuando el ecosistema carece de eslabones intermedios, por ejemplo, hay ayudas públicas y venture capital, pero casi nada de capital semilla profesional, se genera un valle de la muerte donde muchas startups viables se quedan bloqueadas. En los ecosistemas punteros, la densidad de inversores en distintas fases facilita que los buenos proyectos encuentren capital y que los inversores puedan especializarse por sector o etapa.

Bases de un ecosistema financiero saludable

Para remarcar la importancia de contar con un ecosistema financiero, los análisis internacionales (por ejemplo, GEM o Startup Genome) coinciden en que existe una correlación fuerte entre disponibilidad de capital riesgo y valor total generado por los ecosistemas de startups.

En los ecosistemas líderes se observa un volumen significativo de rondas de inversión en prácticamente todas las etapas, desde el capital semilla (seed) hasta en las etapas de crecimiento (growth). Esto se combina con salidas a bolsa y adquisiciones de empresa (lo que se conoce como exits) que retroalimentan el sistema a través de nuevas inversiones de emprendedores e inversores que han tenido éxito.

Estos informes muestran también que, a medida que un ecosistema madura, la calidad de los inversores (su experiencia sectorial, su capacidad para acompañar la internacionalización o su habilidad para aportar algo más que dinero) se vuelve tan importante como el volumen de capital disponible.

Otro hallazgo recurrente es que los ecosistemas que no están maduros suelen depender en exceso de financiación pública o de unos pocos actores privados, lo que los hace vulnerables a cambios regulatorios o de ciclo económico. En estos casos, las recomendaciones apuntan a utilizar los recursos públicos como palanca para atraer capital privado, mediante esquemas de coinversión, fondos de fondos o incentivos fiscales, evitando que la administración se convierta en el financiador casi exclusivo. El objetivo es que, con el tiempo, el peso relativo del capital privado profesional aumente y el sistema gane en autonomía y sofisticación.

Capital y financiación en todas las etapas
Capital y financiación en todas las etapas

Importancia y riesgos de la inversión pública

A falta de capital privado, los políticos suelen echar mano de la inversión pública. Ciertamente, la inversión pública puede ser decisiva para poner en marcha un ecosistema en fases tempranas o en contextos donde el capital privado es muy escaso. Instrumentos como fondos de capital riesgo con participación pública, préstamos participativos, garantías o subvenciones a la I+D pueden reducir barreras de entrada y permitir que surjan proyectos que, de otro modo, nunca llegarían al mercado.

Cuando estos instrumentos se diseñan bien, actúan como catalizadores al acelerar procesos que, de otra forma, avanzarían mucho más despacio o quizá no ocurrirían. En química, un catalizador es un elemento que acelera un proceso sin ser el protagonista. Por tanto, al decir que una inversión pública actúa como catalizador, se quiere indicar que comparten riesgo con inversores privados, atraen nuevos actores al mercado y permiten que puedan desarrollarse tecnologías de alta impacto que tienen retornos lejanos.

Sin embargo, la literatura advierte de varios riesgos de la inversión pública:

  • Captura política: selección de proyectos por criterios no económicos
  • Creación de dependencias estructurales: startups que viven de convocatoria en convocatoria
  • Distorsión de precios: valoraciones irreales o proyectos sin tracción sostenidos por subvenciones.

Para evitarlo, las buenas prácticas apuntan a varios principios: gobernanza profesional de los instrumentos de inversión pública, participación relevante de capital privado en la toma de decisiones, evaluación independiente de los programas de inversión y foco en el fortalecimiento del ecosistema más que en la visibilidad política de proyectos concretos. El objetivo es que la inversión pública cumpla su función de corregir los fallos de mercado sin sustituir al mercado.

Pilar 3: Talento humano

El talento humano es el motor central de cualquier ecosistema emprendedor. Sin personas con competencias técnicas, visión estratégica y disposición al riesgo, ni las mejores políticas, ni la financiación más abundante pueden generar startups medianamente relevantes y, mucho menos, de alto impacto. Los ecosistemas exitosos no solo concentran talento, sino que lo atraen, lo forman y lo retienen, creando un entorno donde los mejores profesionales quieran construir su carrera profesional.

Un ecosistema emprendedor requiere tres tipos de talento complementarios:

  • Talento técnico: Hablamos, por ejemplo, de ingenieros de software, expertos en análisis de datos, especialistas en IA/ML, biotecnología, etc., capaces de construir productos diferenciados.
  • Talento de negocio: También se necesita, por ejemplo, especialistas en marketing orientado al crecimiento, responsables de producto o expertos en ventas internacionales.
  • Talento ejecutivo: Igualmente hacen falta capacidades de directivos con experiencia previa en startups o directivos con experiencia en empresas en rápida expansión (scaleups), que aporten madurez organizativa, capacidad para gestionar inversiones y visión estratégica.

Aunque el talento humano es versátil, los ecosistemas más competitivos suelen especializar el talento en uno o varios sectores, generando lo que puede denominarse economías de concentración. Por ejemplo, Silicon Valley domina en ingeniería de producto y machine learning (ML); Boston, en biotecnología y ciencias de la salud; Londres, en tecnología y productos financieros o Estocolmo, en SaaS y B2B.

Esto significa que los profesionales más cualificados, los mejores talentos, tienden a concentrarse en un mismo lugar, interactúan entre ellos y comparten conocimiento informalmente. Esa cercanía genera un flujo continuo de ideas, colaboración y oportunidades, lo que a su vez incrementa la necesidad de incorporar nuevos especialistas y refuerza aún más el crecimiento del sector.

Por cierto, es importante mencionar que, como hablamos de proyectos emprendedores, se necesita también que a estos profesionales no les incomode trabajar en condiciones donde el futuro de la empresa no está garantizado.

Importancia de la formación emprendedora

El Global Entrepreneurship Monitor (GEM) mide específicamente la calidad de la educación emprendedora en tres niveles: primaria/secundaria, universidad y formación profesional. Los datos GEM muestran una correlación clara entre la formación en emprendimiento y los niveles reales de actividad emprendedora innovadora.

En países donde se enseña emprendimiento desde etapas tempranas (con metodologías prácticas, casos reales y contacto con emprendedores en primaria y secundaria), los jóvenes adultos muestran mayor autoconfianza en sus capacidades y están más dispuestos a lanzar proyectos propios.

A nivel universitario, los programas más efectivos combinan conocimientos técnicos sólidos con competencias emprendedoras: creación ágil de proyectos (lean startup), diseño centrado en el usuario (design thinking), validación de hipótesis, análisis de métricas y acceso a mentorías. La evidencia GEM también destaca que la educación emprendedora no solo aumenta la probabilidad de emprender, sino que mejora la calidad del emprendimiento: menos proyectos de subsistencia y más orientados al crecimiento y la innovación.

Necesidad de talento humano en el ecosistema emprendedor
Necesidad de talento humano en el ecosistema emprendedor

Atracción y retención de talento internacional

Los ecosistemas globales compiten por talento mundial, no solo local. Para atraerlo, necesitan políticas migratorias flexibles (visados para emprendedores e intra-empresa), calidad de vida competitiva (vivienda asequible, seguridad, ocio, internacionalización cultural) y una reputación consolidada como ecosistema emprendedor de referencia.

Por ejemplo, Singapur ofrece visados específicos para emprendedores tecnológicos; Canadá, programas de inmigración rápida para fundadores o Estonia, residencia digital para nómadas digitales.

La retención es igual de crítica: salarios competitivos, stock options atractivas, oportunidades de crecimiento profesional y una comunidad internacional sólida que haga que mudarse valga la pena.

Los ecosistemas que logran esto acaban convirtiéndose en polos de atracción internacional (Silicon Valley, Londres o Berlín). Se convierten en imanes globales que atraen talento muy diverso, y esa mezcla de experiencias y puntos de vista impulsa la creación de nuevas ideas y acelera la innovación.

Pilar 4: Cultura emprendedora

La cultura emprendedora actúa como el pegamento invisible de cualquier ecosistema. Más allá de políticas, capital o talento, son las actitudes colectivas hacia el riesgo, el fracaso y el éxito las que determinan si un territorio ve el emprendimiento como una opción legítima y deseable, o como una rareza reservada a unos pocos locos valientes.

Una cultura favorable no se crea por decreto; se construye a través de historias compartidas, referentes locales, medios de comunicación y normas sociales que legitiman la innovación como camino hacia el progreso personal y colectivo.

El Global Entrepreneurship Monitor (GEM) mide sistemáticamente tres variables culturales clave: la percepción de oportunidades emprendedoras, el miedo al fracaso y el estatus social del emprendedor. Los países que tienen altas tasas de actividad emprendedora temprana (lo que se conoce como TEA) son aquellos que tienen un alto porcentaje de la población que ve oportunidades para emprender y que tiene un bajo miedo al fracaso. Por el contrario, en culturas donde el fracaso se asocia con el descrédito personal o familiar, los individuos prefieren trayectorias laborales más seguras, aunque menos innovadoras.

Esta dimensión psicológica del emprendimiento tiene efectos sistémicos en la sociedad. Si emprender se percibe como una vía respetable hacia el éxito (o al menos no como un pecado mortal si falla), más personas lo intentan, se crea una masa crítica de proyectos y el sistema aprende colectivamente de los errores.

Por ejemplo, Silicon Valley celebra públicamente sus fracasos como una escuela de resiliencia; Israel normaliza el pivotar, el cambiar, como parte del proceso emprendedor; mientras que en otros contextos, el estigma social hace que muchos fundadores exitosos oculten sus tropiezos iniciales.

Historias de éxito locales como motor cultural

Nada acelera más la legitimación del emprendimiento como los referentes autóctonos. Cuando los emprendedores ven que gente como ellos (del mismo barrio, la misma universidad, o el mismo contexto socioeconómico) han construido empresas de impacto, la ambición colectiva se dispara. Isenberg destaca que las historias de éxito locales actúan como potenciadores culturales: inspiran a nuevas generaciones, atraen talento externo, legitiman la toma de riesgo ante familias e inversores, y crean una narrativa de aquí también se puede.

Por ejemplo, casos como los unicornios suecos (Spotify, Klarna, iZettle) transformaron Estocolmo en un ecosistema donde emprender es lo normal para cualquier ingeniero ambicioso; Tel Aviv (Israel) multiplica sus startups gracias a una generación de fundadores militares reconvertidos en emprendedores en serie; Bangalore (el Silicon Valley de la India) celebra a sus fundadores de Infosys y Flipkart como héroes nacionales.

Todas estas historias no solo motivan, sino que generan externalidades: los emprendedores de primera generación se convierten en inversores, mentores y modelos a seguir de la segunda.

Importancia de la cultura emprendedora del entorno
Importancia de la cultura emprendedora del entorno

Medios de comunicación, comunidad y redes informales

Los medios, eventos y comunidades informales amplifican la cultura emprendedora al hacerla cotidiana. Blogs especializados, newsletters, podcasts y prensa económica que cubren el ecosistema local con rigor y entusiasmo crean una conversación constante que normaliza términos como scaleup, ronda seed o customer development. Los eventos recurrentes (meetups sectoriales, demo days o conferencias) generan densidad de relaciones y oportunidades informales que ninguna incubadora puede programar.

La literatura sobre los ecosistemas confirma que los entornos más dinámicos presentan una alta conectividad informal entre sus actores. Quiere esto decir que los emprendedores que se conocen en cenas, coinciden en gimnasios, comparten LinkedIn y colaboran en proyectos open source. Esta densa red social de interconexiones facilita la circulación de conocimiento tácito (lecciones de fracasos, contactos clave, tendencias de mercado) mucho más rápido que cualquier estructura formal.

Por ejemplo, en Berlín, los espacios culturales se han transformado en hubs de emprendedores; en Londres, los antiguos alumnos (alumni networks) de universidades y aceleradoras funcionan como cámaras de compensación de talento y oportunidades.

Pilar 5: Infraestructuras y organizaciones de apoyo

Las infraestructuras y organizaciones de apoyo actúan como el esqueleto de un ecosistema emprendedor. Más allá de los grandes pilares (políticas, capital, talento, cultura), son los espacios físicos, programas especializados y líderes clave los que facilitan las interacciones diarias, reducen costes de transacción y aceleran el aprendizaje colectivo. Sin embargo, su efectividad depende de su capacidad para conectar actores reales (emprendedores, inversores, empresas, universidades) en lugar de operar como guetos aislados.

Los espacios físicos bien diseñados generan una masa crítica emprendedora. Los espacios de coworkings, incubadoras, aceleradoras y parques tecnológicos son donde los fundadores coinciden informalmente, comparten problemas y soluciones, y detectan oportunidades de colaboración.

Estos espacios funcionan mejor cuando combinan infraestructura de calidad (conexión rápida a Internet, salas de reuniones, zonas comunes) con programación activa: talleres, pitch nights (emprendedores que presentan sus proyectos) o mentorías grupales. La proximidad física acelera la confianza y el intercambio de conocimiento tácito que ninguna plataforma digital puede replicar completamente.

Los espacios digitales complementan esta función: plataformas que conectan a inversores y emprendedores (matchmaking), foros especializado, newsletters (boletines) de calidad o comunidades en línea que mantienen la conversación activa entre eventos presenciales. Los ecosistemas más avanzados integran ambos mundos: un espacio físico como ancla territorial y herramientas digitales que amplifican su alcance y conectividad global.

El papel de los intermediarios

Las organizaciones intermedias (aceleradoras, incubadoras, oficinas de transferencia tecnológica o clústeres sectoriales) son cruciales cuando aportan valor genuino más allá de las oficinas. Esto es, cuando facilitan el acceso a clientes reales, presentan a inversores relevantes, realizan métricas de tracción verificables o crean redes sólidas de antiguos alumnos (alumni networks).

Su impacto es máximo cuando están profundamente conectadas con el ecosistema. Esto quiere decir que, por ejemplo, que las aceleradoras inviertan su propio capital, las incubadoras sean gestionadas por emprendedores en serie (con experiencia) o que haya programas corporativos abiertos a startups externas.

Daniel Isenberg advierte sobre la proliferación de lo que llama intermediarios vacíos. Se refiere, por ejemplo, a programas públicos que se centran más en los recursos invertidos (como el número de empresas atendidas o los metros cuadrados construidos) que en los resultados obtenidos (como el crecimiento de las empresas o los retornos generados).

Los estudios confirman que los intermediarios más efectivos son aquellos evaluados por su capacidad para generar lo que se conoce como externalidades positivas: conocimiento que circula, relaciones que perduran, capacidades que se transfieren al ecosistema en su conjunto.

Infraestructuras y organizaciones de apoyo en los ecosistemas emprendedores
Infraestructuras y organizaciones de apoyo en los ecosistemas emprendedores

Conectividad global del ecosistema

Startup Genome mide la conectividad global del ecosistema (Global Connectedness) como uno de los predictores más fuertes del rendimiento del mimso. En concreto mide su capacidad para atraer talento, capital y clientes de otros hubs internacionales. Esta conectividad se materializa en misiones comerciales conjuntas, programas de aterrizaje empresarial para facilitar la entrada en nuevos mercados (soft landing), acuerdos con aceleradoras de otros países y una participación constante en grandes eventos internacionales (como el Slush en Helsinki, Web Summit de Lisboa o TechCrunch Disrupt de San Francisco).

Los ecosistemas que miran solo hacia su mercado local se estancan; los que se integran en redes globales aprenden más rápido, captan recursos externos y posicionan mejor sus startups para competir internacionalmente desde etapas tempranas.

A la hora de crear estas conexiones, los que pueden desempeñar un papel esencial son los líderes visionarios, las asociaciones transversales o los fondos público-privado. Su función no consiste en gestionar programas concretos, sino en asegurarse de que todos los actores tienen alineados sus incentivos, en resolver los problemas estructurales que frenen el avance y en sostener un relato ambicioso capaz de atraer talento, inversión y organizaciones de primer nivel al territorio.

Pilar 6: Mercados accesibles

Los mercados accesibles y sofisticados son el combustible definitivo de cualquier ecosistema emprendedor. Sin clientes dispuestos a pagar por soluciones innovadoras, las startups no pueden validar hipótesis, iterar productos ni alcanzar economías de escala. Daniel Isenberg identifica los mercados como uno de los seis dominios esenciales, subrayando que un ecosistema necesita tanto demanda local inmediata (para las primeras ventas) como acceso a mercados globales (para el crecimiento exponencial). La presencia de esos primeros clientes multiplica el impulso (la tracción) y credibilidad de las startups emergentes.

Un mercado local suficientemente grande y con poder adquisitivo permite a las startups testear modelos de negocio, conseguir primeras referencias y generar ingresos recurrentes mientras maduran. Los ecosistemas más exitosos suelen tener acceso a clientes corporativos sofisticados que valoran la innovación y están dispuestos a pagar precios premium por soluciones que resuelvan problemas reales.

Por ejemplo, Londres beneficia a sus fintechs (empresas de tecnología financiera) con bancos globales como adoptadores tempranos de sus soluciones (early adopters); Boston nutre sus biotecnológicas con hospitales y farmacéuticas punteras o Berlín encuentra en sus pymes tecnológicas clientes ideales para el software B2B.

Si no se cuenta con un mercado local potente, algunos ecosistemas lo compensan con una orientación global inmediata. Por ejemplo, Israel, Estocolmo o Tel Aviv enseñan a sus startups a pensar global desde el primer día, priorizando mercados anglosajones o americanos desde las primeras líneas de código. Esta estrategia funciona cuando se combina con redes internacionales sólidas y productos excepcionalmente competitivos, pero exige fundadores que tengan experiencia previa o aceleradoras que guíen el salto transfronterizo.

Compras públicas e innovación

Las administraciones públicas pueden actuar como clientes impulsores de la innovación cuando implementan políticas de compra pública innovadora. Se trata de procesos donde el sector público licita soluciones disruptivas en lugar de productos estandarizados. La OCDE documenta casos donde determinados programas de compras públicas han catalizado sectores enteros. Por ejemplo, las licitaciones de movilidad inteligente del gobierno finlandés, las iniciativas de smart cities de las ciudades-estado asiáticas o algunos programas europeos de compra precomercial. Estas compras no solo le generan ingresos tempranos a las startups, sino que validan sus tecnologías ante los inversores privados y crean referencias comerciales que pueden tener un peso enorme posterior.

El impacto de estas compras públicas en el ecosistema puede ser aún mayor. Por ejemplo, cuando una administración local compra a startups nacionales, legitima el emprendimiento innovador, entrena a funcionarios públicos en la evaluación de propuestas tecnológicas y genera un precedente que pueden seguir otras instituciones. La clave está en diseñar procesos ágiles, orientados a resultados y con evaluación independiente, evitando que la rigidez administrativa frene la innovación que pretende estimular.

Relación entre startups y grandes empresas

La colaboración entre startups y las grandes corporaciones es uno de los motores más potentes de cualquier ecosistema maduro. Las grandes empresas pueden encontrar en las startups un forma de acelerar su propia innovación a través de programas de inversión, concursos de ideas o iniciativas de emprendimiento corporativo. Mientras que, por otro lado, las startups podrían obtener algo esencial: sus primeros clientes, acceso a redes de distribución, mentoría ejecutiva o acceso a financiación a largo plazo.

Por ejemplo, Silicon Valley sería impensable sin la simbiosis Google-Facebook-Amazon-startups; Berlín crece gracias a Siemens-Zalando y Londres, con HSBC-Barclays.

Los programas más efectivos combinan incentivos económicos (como una inversión directa o contratos piloto) con mecanismos de transferencia de conocimiento (por ejemplo, con acceso a datos, metodologías probadas para escalar proyectos o estrategias para llevar productos al mercado).

La literatura confirma que la presencia de corporaciones innovadoras actúa como un ancla del ecosistema ya que atraen talento, capital y proveedores, refuerzan la posición del territorio como como referente sectorial y multiplican las oportunidades para toda la cadena de valor.

Acceso a los mercados en el ecosistema emprendedor
Acceso a los mercados en el ecosistema emprendedor

Conclusiones

Lo que se ha visto aquí es que un ecosistema emprendedor exitoso trasciende la suma de incubadoras, fondos y eventos: es un sistema vivo donde políticas, capital, talento, cultura, infraestructuras y mercados se retroalimentan en ciclos virtuosos de creación de valor. Cuando estos elementos se alinean, la probabilidad de que surjan proyectos innovadores de alto impacto crece de forma exponencial.

Lo relevante del modelo de Daniel Isenberg no es la presencia aislada de cada elemento del ecosistema, sino la forma en que se conectan para crear un entorno donde la actividad emprendedora se sostiene por sí misma en el tiempo. A este marco se han sumado revisiones sistemáticas de la literatura que confirman que los ecosistemas exitosos comparten patrones comunes, aunque adopten configuraciones muy diferentes según el país o la región.

El Global Entrepreneurship Monitor (GEM) ha contribuido a aterrizar estos conceptos en indicadores medibles, definiendo las llamadas Entrepreneurial Framework Conditions (EFC), que abarcan desde la educación emprendedora y el acceso a financiación hasta la infraestructura física y la dinámica del mercado laboral. Estos marcos permiten evaluar con rigor la calidad del entorno emprendedor de un territorio y compararlo con otros, algo esencial para comprender por qué determinadas geografías concentran más startups innovadoras que otras.

Los pilares propuestos por Isenberg y los marcos de estudio, GEM, Startup Genome y la OCDE muestran que, aunque cada territorio requiere un camino propio, los principios universales son ineludibles: densidad de conexiones, especialización inteligente, gobernanza colaborativa y horizontes de 10 a 15 años.

La buena noticia es que ningún contexto está predestinado al fracaso. Israel lo demostró desde la adversidad geopolítica; Singapur, desde cero población emprendedora; Shenzhen (China), desde una manufactura básica. Lo decisivo es comprometerse con un diagnóstico honesto, priorizar intervenciones de alto impacto y celebrar los primeros éxitos como palanca cultural para los siguientes.

En un mundo donde la innovación define la competitividad futura, los territorios que se organicen como verdaderos ecosistemas emprendedores no solo sobrevivirán, sino que liderarán la próxima década.

Más información

En este artículo se ha abordado las bases de las que depende el éxito de los ecosistemas emprendedores. Espero que le haya resultado de interés. Si busca inspiración o simplemente le interesan estos temas, en este blog se dispone de otros muchos contenidos relacionados. Por favor, utilice el buscador de contenidos que tenemos en la cabecera.

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Bibliografía

Aunque los contenidos de este blog tienen un propósito divulgativo, la verificación de las fuentes es una tarea que nos tomamos con seriedad. No obstante, al ser un blog sin fines de lucro, nos vemos obligados a operar de manera austera, lo que implica no utilizar tiempo a referenciar exhaustivamente cada dato presentado. No obstante, si necesita verificar las fuentes, estas son algunas de las utilizadas:

  • The Entrepreneurship Ecosystem Strategy as a New Paradigm for Economic Policy. The Babson Entrepreneurship Ecosystem Project, revisado en febrero de 2026. https://dn710001.ca.archive.org/0/items/Isenberg-entrepreneurship-ecosystem-strategy-for-economic-growth/The-entrepreneurship-ecosystem-strategy-for-economic-growth-policy-20110620183915_djvu.txt
  • Global Startup Ecosystem Report. Startup Genome, revisado en febrero de 2026. https://dost.hochiminhcity.gov.vn/documents/598/Startup_Gnome_GSER-2018-v1.3.pdf 
  • Entrepreneurship ecosystem. Wikipedia, revisado en febrero de 2026. https://en.wikipedia.org/wiki/Entrepreneurship_ecosystem
  • Global Entrepreneurship Monitor. Wikipedia, revisado en febrero de 2026. https://en.wikipedia.org/wiki/Global_Entrepreneurship_Monitor
  • Guiding policymakers to shape thriving innovation ecosystems. Startup Genome, revisado en febrero de 2026. https://startupgenome.com/
  • State of the Global Startup Economy. Startup Genome, revisado en febrero de 2026. https://startupgenome.com/report/gser2025/state-of-the-global-startup-economy
  • Los 20 mejores ecosistemas emprendedores del mundo. Startup Explore, revisado en febrero de 2026. https://startupxplore.com/es/blog/los-20-mejores-ecosistemas-emprendedores-del-mundo/
  • Global Entrepreneurship Monitor. GEM, revisado en febrero de 2026. https://www.gemconsortium.org
  • Designing a National Entrepreneurial Ecosystem Benchmarking Tool. OCDE, revisado en febrero de 2026. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/events/2023/12/benchmarking-event/Summary-note-Entrepreneurial-Ecosystems-Benchmarking-Expert-Workshop.pdf
  • Entrepreneurial ecosystems: a systematic review. Science Direct, revisado en febrero de 2026. https://www.sciencedirect.com/org/science/article/abs/pii/S1750620418000055  
  • The Entrepreneurship Ecosystem Strategy for Economic Growth. Babson Global, revisado en febrero de 2026. https://www.slideshare.net/DanIsenberg/icer-2011-the-entrepreneurship-ecosystem-strategy-for-economic-growth-policy-1 
  • MIT Entrepreneurship mission. MIT, revisado en febrero de 2026. https://entrepreneurship.mit.edu/mission/

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